Tener razón

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Todos queremos tener razón; esto, es una verdad como un templo. Y quién quiera convencernos de lo contrario, podría estar engañándonos, pero sobre todo, se estaría engañando a si mismo. Es una clara consecuencia del ego que todos tenemos (aunque no del mismo tamaño, a Dios gracias), y que esta sociedad no deja de alimentar. Cosa muy diferente, es la vehemencia o intensidad con la que cada uno defiende o quiere hacer valer “su razón”. O la importancia que le da a que la misma prevalezca por encima de todo; ahí ya entra, además, la consideración y elegancia que uno tenga consigo mismo y para con los demás.

Querer tener razón creo que se ha convertido en un mal de muchas sociedades (y personas). Incluso podría afirmarse que es la causa de muchos enfrentamientos a niveles que van mucho más allá del personal. Y ojo, querer tener razón no significa que, efectivamente, se tenga. Creo que este debería ser el primer análisis que, toda persona que decide que su razón es la que vale, debería plantearse. Y es que, buscar la verdad no es lo mismo que tratar de imponerla.

Y yo, llevo tiempo preguntándome, ¿vale la pena tener razón a toda costa? Aunque de verdad pueda tenerse, ¿compensa enfrentarse a alguien por ostentar el título de tener la razón? (Aquí es cuando me viene a la mente la recurrente frase de “Te lo dije” o “Yo ya lo avisé” que tanto rechazo me produce y de la que hablaré en futuros post).

 Está claro que la respuesta no es única y que cada uno, desde su perspectiva, deberá analizar si le compensa o no. Allá va mi reflexión.

 A veces, creo que no compensa defender nuestra razón, pues agarrarse a nuestra opinión sin escuchar a los demás, acaba aislándonos. Y no quiere decir que uno no deba defender sus principios y valores con firmeza. Lo que, a mi juicio, no debe hacerse, es imponer esa opinión pasando por encima de las personas que defienden la contraria; y sobre todo, es básico (una vez se he decidido emitirla) expresarla de la manera más conciliadora y respetuosa posible.

 A veces, creo que no compensa defender nuestra razón porque considero que es el resultado de nuestras experiencias, aprendizaje y circunstancias personales. Entender que las opiniones de los demás no tienen por qué estar equivocadas sino que, simplemente, se han formado como consecuencia de una vivencia muy distinta a la propia, es un paso fundamental. Sólo así, creo, una persona consigue tener la empatía imprescindible para respetar a los demás. Y para entender por qué alguien defiende lo que defiende. Aceptar las ideas de otros, en realidad, es sencillo, basta con tener claro que no significa estar de acuerdo, que no implica una concesión ni “una bajada de pantalones”. Significa aceptar el mundo y la variedad que lo compone; desde mi punto de vista, tiene una mayor altura de miras quien, teniendo una opinión formada, es capaz de convivir con otras opiniones sin que esto le perturbe, que quién la defiende “le pese a quién le pese”.

A veces, creo que no compensa defender nuestra razón porque impide abrir la mente. Conocer o descubrir otras alternativas que, quizá, ni siquiera nos habíamos planteado. Mata la curiosidad, que considero (siempre que esté bien enfocada) es una de las cualidades básicas de las personas que quieren conocer el mundo, y conocerlo bien.

Entonces, ¿qué pasa con nuestras ideas y opiniones? Nada. No pasa nada. Seguirán siendo las mismas, o cambiarán con nuestra evolución personal, pero no defenderlas por encima de todo y de todos, no implica no ser una persona con ideas firmes y coherente. No hacer prevalecer lo que uno piensa no es sinónimo de cobardía; a veces, incluso, es muestra de una gran generosidad, autocontrol inteligencia  y respeto al prójimo. Entre otras cosas, porque hay batallas que están perdidas (¿para qué meterse en ellas?).

¿El secreto? Escuchar. Escuchar con interés y aceptar la diversidad; escuchar para comprender, y no para contestar o replicar.

Estoy, por tanto, de acuerdo con eso de que “a veces vale más la pena tener paz que tener razón”…

¿Qué pensáis vosotros?

 Gracias por estar al otro lado. Feliz fin de semana.

Malu

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4 pensamientos en “Tener razón

  1. Totalmente de acuerdo con la frase a veces… “es mejor tener paz que tener razón” porque sinceramente uno se siente más razonable. Buen día preciosa. ❤

  2. yo tengo que empezar diciendo que SIEMPRE tengo la razón. eso es así. 😛
    no, ahora en serio… creo que el mundo, afortunadamente, está hecho para que convivan muchas opciones, muchas opiniones, muchos gustos y muchos culos. todos tenemos los nuestros, y son válidos y respetables, pero nos son LA VERDAD, porque la verdad verdadera probablemente sólo sea una combinación de todos ellos.
    es importante saber compartir, escuchar, discutir (sanamente) y, a veces, incluso cambiar de opinión. pero nunca intentar imponer nuestra razón/opinión/opción por encima de la del resto. la tolerancia por encima de todo.
    yo debo reconocer que peco un poco del “te lo dije”… es horrible, pero no lo puedo evitar (bueno, probablemente sí, pero los impulsos… aaaaaay). para compensar, también soy de las que reconoce en un momento dado el “tenías razón” (esto cuesta más eh??? no lo voy a negar). intento al menos, ser justa con todos.
    en fin… importante reflexión, y sobre todo, importante el mensaje de “tener paz”. que luego la vida ya nos menea suficiente por si sola como para complicarnos nosotros más aún.
    ¡buen fin de semana!
    ¡muaaaaaaaaaaa!

  3. Buenos días!!

    Antes de nada millones de gracias por ser fiel a tu cita semanal. Cada vez escribes mejor, en serio.
    En cuanto al tema que nos atañe hoy y como viene siendo habitual estoy muy de acuerdo contigo, es preferible tener paz que tener la razón.
    A mí, con toda sinceridad, no me suele llenar el hecho de tener la razón (aunque obviamente siempre produce un poquito de satisfacción interna y autocomplacencia). Sin embargo sí soy especialmente insistente en debatir cualquier tema, es decir, si hay algo en lo que aparentemente no estamos de acuerdo, fantástico, pero ponme tus argumentos encima de la mesa y defiéndemelos. Y probablemente te los acabe comprando o al menos servirá para ofrecerme una nueva perspectiva que puede acabar diluyendo el problema.
    No quiero desviarme mucho del tema principal pero lo que me frustra es intentar debatir algo con alguien y que directamente se niegue, te “dé la razón como a alos tontos” o simplemente se escude en un “déjame que no quiero seguir hablando”. Si es que yo no te quiero convencer, de verdad, si no estoy buscando que acabes viendo el problema de la misma forma que yo, pero sí que quiero exponerte mis argumentos, defenderlos de la mejor forma posible y que tú hagas lo mismo con los tuyos. Y cuando tengamos todas las cartas sobre la mesa, que cada uno saque sus conclusiones. No vamos a arreglar el mundo, seguramente no vamos a encontrar un punto de convergencia pero al menos ahora sabemos mucho más del otro que antes y eso para mí es signo de inteligencia emocional y de personas con la mente abierta.
    Mención aparte para aquellos que recurren al insulto obcecado y se ciñen a la verdad suprema más rancia. Basta con darse una vueltecita por Twitter para ver los argumentos tan pobres que muchos esgrimen para debatir cualquier tema. Descalifican, desestiman e intentan imponer sus ideas a golpe de tecla, reflejo de una sociedad que en ocasiones parece anquilosada en épocas remotas y en la que el respeto y la libertad de expresión parecen en retroceso.

    Millones de gracias de nuevo, deseando leer el siguiente. Feliz finde.
    PD: ¿Se admiten peticiones para nuevas textos? 🙂
    1.Me encantaría que un día hablaras de feminismo, seguramente será tu texto más polémico hasta la fecha jajaja pero de verdad que sería súper enriquecedor leer tus impresiones al respecto.
    2. Al hilo de lo sucedido esta semana con la dimisión del nuevo Ministro (y sin entrar en temas políticos, que no me interesan lo más mínimo). Juzgando la ética personal. Mi punto sería ¿tenemos todos la conciencia tranquila de lo que hemos hecho en el pasado? Es decir, si por una casualidad del destino, acabamos siendo famosos por nuestra profesión, alguien va a intentar desacreditarnos buscando puntos negros en lo más recóndito de nuestro pasado. Es lícito, pero ¡qué miedo! casi prefiero seguir siendo anónimo y que mis acciones menos buenas queden en mi recuerdo y no en el imaginario colectivo.

  4. Pingback: No está de moda

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