Nosotras

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En los últimos años hemos asistido al (merecido) boom de la mujer. Y, sin entrar al tema del feminismo (que trataré en otro post más adelante), creo que ya era hora. Pero no creáis que vais a leer una entrada hablando sobre por qué teníamos que empezar a conseguir nuestro evidente hueco en la sociedad. No. Dar razones para ello sería legitimar a quiénes, a día de hoy, todavía piensan que hombre y mujer no tienen los mismos derechos (y obligaciones), teniendo en cuenta (o al menos lo veo así) las enormes diferencias naturales que tenemos entre unos y otros. Pero esto también es otro tema…

Hoy voy a intentar buscar una justificación a la actitud de determinadas mujeres con otras congéneres. Y creedme, voy a necesitar vuestra ayuda porque, ni siquiera después de mis reflexiones plasmadas aquí, la encuentro.

Es algo que he ido pensando durante muchos años en mis experiencias con amigos y amigas, y de las que saqué mis propias conclusiones. Pero la “gotita que colmó el vaso” para decidirme a escribir este post fueron los numerosos comentarios en perfiles de redes sociales de mujeres, escritos por otras mujeres ante determinadas imágenes.

Allá vamos.

¿Cuántas veces un hombre sube una foto en ropa de baño, calzoncillos o cualquier otro atuendo que deje ver su cuerpo, y su perfil se llena de miles de comentarios de hombres criticando su físico?

Yo estoy harta de ver cómo una chica sube una foto en la playa y muchos de los comentarios son femeninos criticando lo delgada que está. Insultándola, juzgándola; como si su físico determinara la calidad humana. ¿Harían lo mismo si estuviera gorda? ¿Y por qué no? ¿Acaso la crítica de un físico se justifica en un sentido u otro?¿Quién determina cuando alguien sufre ante una (gratuita) crítica de su apariencia? ¿Les gustaría recibir lo mismo?

¿Cuántas veces un hombre ve a otro vestido de una forma (legítimamente) exagerada o explosiva, y lo único que hace es tacharlo de “nosequé” (sí lo sé pero me repugna hasta escribirlo) o criticarlo?

Estoy harta de oir a mujeres que se cruzan con otras, “parece una ****”. Qué queréis que os diga… Defendemos nuestra libertad a vestir como queramos, a que nadie nos juzgue por ello, pero nos damos la vuelta y criticamos a la que lleva un escote o enseña el culo. En mi pueblo (que no tengo), se llama “hipocresía”. Además de otras muchas cosas.

¿Cuántas veces un hombre se enfada con un amigo, lo critica pero luego es incapaz de dirigirse a él y hablarlo a la cara sin que implique un rencor eterno?

Mi parte favorita. La falsa amistad; las amigas que no son capaces de decirse las verdades o las que no admiten que se las digan porque no son capaces de hacer autocrítica. Y entonces, llega el falserío en estado puro. Nos vamos de fiesta, te digo que te quiero, pero a tus espaldas te pongo de vuelta y media. En mi pueblo (el inexistente del punto anterior), se llama “falsedad”.

¿Cuántas veces un hombre tiene un incontrolado ataque de celos?

Los habrá, seguramente. Pero lo más usual es que esos numeritos los monten las mujeres porque su chico mira a otra chica guapa. ¿Y? ¿Acaso las mujeres no miramos a los hombres guapos? Yo sí. Y a las mujeres guapas también. Un poquito más de amor propio y seguridad en una misma, por favor.

Evidentemente, luego están los hombres que son golfos por naturaleza; pues chica, ¿para qué te metes en ese jardín? Eso es tema aparte.

¿Cuántas veces un hombre cuestiona a otro por haber decidido luchar por su carrera profesional en lugar de decidir cuidar a sus hijos? Y a su vez, ¿cuántas veces un hombre pensará que no se ha realizado el que decide dedicarse a su familia?

Eres una mala madre”, o “No estás realizada como mujer”. Gilipolleces (con perdón). La realización la busca cada una donde quiera, y jamás se puede juzgar a otra mujer por las decisiones que toma en unas circunstancias y con unos valores que no son los nuestros. La satisfacción de una madre que dedica su vida a sus hijos no tiene precio. Y el orgullo de sus hijos de saberlo, tampoco.

La satisfacción de quién alcanza sus metas profesionales por sus propios medios y tras años de esfuerzo, lucha y trabajo, no tiene precio. Y la posibilidad de optar por una alternativa u otra sin que nadie imponga nada, tampoco.

(Ojo, que aquí no me refiero a la mal llamada “conciliación”. Tema aparte completamente)

¿Cuántas veces un hombre criticara a otro por las relaciones que tiene con las mujeres?

Es lo típico, pero es así. Un hombre que está con muchas mujeres, es un golfete, un ligón, un hombretón. Una mujer que hace lo propio, es poco menos que una cualquiera. Señoras, dejémos que cada mujer haga con su cuerpo y su mente lo que le dé la gana.  Y dejémos de ponernos etiquetas. Dejemos de ser duras con las mujeres que deciden disfrutar de sí mismas. Otra cosa, es lo que pensemos de esa actitud independientemente de que sea un hombre o una mujer quien la lleve a cabo. Ahí ya entran cuestiones morales/éticas en las que no me voy a meter.

Pues con todo este tipo de actitudes y algunas otras más, hemos normalizado una competitividad voraz entre las mujeres nada sana. Y a los años de infravaloración que nos ha dedicado el mundo (de los hombres), hemos sumado nuestra guerra interna. Preferimos que nuestra compañera de trabajo no triunfe para no sentirnos menos, preferimos que la amiga de nuestra pareja sea fea para no sentir competencia, preferimos que esa amiga no viaje demasiado no vaya a ser que me compare y mi vida sea una mierda.

Penoso.

No soy para nada partidaria de las generalizaciones y de establecer dogmas. Creo, como ya os dije en post anteriores, que hay que relativizarlo todo y que los comportamientos son siempre individuales y como tales se deben juzgar. Pero quien no quiera ver que hay una práctica común o general, está (en mi humilde opinión) equivocado/a.

¿Y por qué?

¿Por falta de autoestima? ¿Por prejuicios o estereotipos? ¿Por falta de humildad (ya me gustaría que se vieran juzgadas las que lo hacen)? ¿Por los años en que las mujeres eran (el mal llamado) “el sexo inferior”? ¿Por pura malicia?  ¿Envidia?

No lo sé. Pero hay que actuar.

La naturaleza nos ha dotado de algo muy fuerte y bello que deberíamos explotar: el instinto maternal, que no siempre debe ser entendido como el dirigido a los hijos únicamente, sino como instinto de protección.

Vamos a protegernos entre nosotras.

Vamos a practicar la solidaridad entre nosotras.

Vamos a ponernos en el lugar de la otra.

Vamos a luchar juntas por conseguir tener los derechos que nos merecemos, pero sin caer en tópicos, modas o exageraciones.

Vamos a dejar de pensar que somos rivales y vamos a creer que estamos todas en el mismo equipo.

Vamos a dejar de definir lo que una mujer tiene que ser, y simplemente, vamos a dejarnos ser mujeres.

De lo contrario, ¿no les damos la razón a quienes piensan que somos el sexo débil?

Gracias por estar al otro lado. Os espero el viernes.

Malu

P.D. Dicen que un grupo de alacranes nunca puede salir de un bote de cristal porque antes de que uno lo logre, terminan todos destrozándose. Yo no quiero ser una alacrana.

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3 pensamientos en “Nosotras

  1. Muy de acuerdo contigo, ya que la sociedad es la que es y poco a poco la estamos cambiando, al menos que cada uno pongamos nuestro granito de arena y no nos matemos los unos a los otros.

    Buen fin de semana!!

  2. Muchas gracias por la reflexión, estoy totalmente de acuerdo en todo.
    Las mujeres tenéis (generalizando) millones de cualidades que no soléis explotar y que cuando a una se le ocurre hacerlo, el resto se lanzan cual jauría. ¿Cuál es el objetivo?Ni idea…
    Las razones las tengo bastante claras y en mi opinión serían dos (tú ya las apuntas y desarrollas muy bien) la envidia y la inseguridad.
    Enlazaría con todo el tema del feminismo del que hablarás en otro post, pero lo dejo para entonces.
    Creo que tiene mucha relación, me falta confianza en mí misma y eso hace que crea que todo a mi alrededor está en mi contra y entonces intento luchar contra una sociedad que parece que esté conjurada para hacerme la vida imposible. Y eso tiene dos frentes, uno clarísimo contra los hombre y otro clarísimo contra el resto de mujeres que no luchan en mi misma dirección.

    Señoras, los hombre os queremos, nos encantáis, tenéis millones de cualidades que nosotros no tenemos, queremos que las explotéis, que os sintáis bien siendo vosotras mismas, sin coacciones, sin tabúes, sin miramientos, que habléis libremente, que os queráis a vosotras mismas, que os queráis entre vosotras, que nos dejéis quereos.

    Feliz lunes.

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